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Como padres y madres, uno de nuestros objetivos y lucha de cada día es conseguir que nuestros hijos se comporten adecuadamente, tanto con nosotros como con el resto del mundo, sin embargo en ocasiones nos encontramos con un conflicto de necesidades e intereses con ellos.
Les pedimos que ayuden a poner la mesa pero prefieren seguir viendo la tele, intentamos evitar que pinten en la pared pero ellos han decidido competir con Miguel Ángel y convertir tu casa en la próxima Capilla Sixtina.
Si…casi seguro que, a menor o mayor escala, cada día se libra una batalla de necesidades en la que cada parte actúa como enemigo del otro. Y seamos sinceros… la negociación en muchas ocasiones no es una opción.
Para evitar el “hacer lo que tú quieras” y conseguir el “ hacer lo que yo quiero que hagas” empleamos a veces la acusación, las advertencias, los sermones y las profecías para anticipar la consecuencia negativa que sabemos que va a pasar , pero por muchos discursos que demos, por mucho que digamos “ya verás cuando llegues a casa” o por muchas predicciones a lo Nostradamus que hagamos sobre lo que va a pasar si siguen actuando de determinada forma…sigue sin funcionar.

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Sin embargo, existen alternativas y soluciones para guiar a nuestros hijos por el camino deseado. ¿Cómo? La mejor forma de conseguir atraerlos a nuestro campo es a través de la cooperación.
Para conseguirlo existen algunas técnicas y habilidades últiles:

1º Describir el problema. Dar información

No se trata de dar un discurso, sino más bien de sustituir una acusación por una descripción del problema. A veces resulta complicado hacer lo que se debe cuando a uno le dicen lo malo, sin embargo es más fácil ponerle solución a un problema cuando alguien simplemente nos lo describe, y además los niños tomarán más responsabilidad sobre lo que tienen que hacer.

2º Decirlo con una palabra.

Hay veces en las que una sola palabra o un breve recordatorio tiene más efecto que una larga explicación.
Y sin embargo, resulta complicado hacerlo, porque a la undécima vez que le hemos recordado a nuestro hijo lo que debe hacer, sigue sin hacerlo, y cuando a la quinceava vez vemos que no hace caso, estallamos con un sermón. Es totalmente normal que esto suceda, pero debemos tener cuidado porque a veces estos discursos pueden provocar el efecto totalmente contrario: que nuestro hijo imponga una barrera de rechazo hacia una acción determinada que va a ser muy difícil derrumbar.

3º Hablar de los sentimientos de manera positiva:

Los niños también necesitan escuchar lo que sienten los padres, y estos sentimientos pueden expresarse con sinceridad sin que ofendan o puedan ser hirientes.
Podemos comenzar nuestras frases con un “yo…”, “ me siento..”, “ no me gusta..”.

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4º Escribir notas .

En ocasiones, unas palabras escritas pueden tener más efecto que lo que decimos de forma oral. Si además hacemos llegar estas notas de una forma original y que exprese humor y cariño, podemos predisponer a nuestros hijos a que colaboren.

Por último, también nos puede resultar útil hacer un registro a lo largo de un día (mañana, tarde y noche) de lo que queremos que hagan y no hagan nuestros hijos, de esta forma podemos anticiparnos a las situaciones y pensar cómo podemos reaccionar.

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