Los mitos sobre el TDAH: Primera Parte.

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Como ya sabéis, el TDAH ha dado lugar a multitud de creencias y falsos mitos en los últimos años. Aunque cada vez vamos educando más, desde que comenzamos con PerspectivaMente hemos presenciado todo tipo de afirmaciones que, como mínimo, nos han hecho llevarnos las manos a la cabeza. Afirmaciones que suponen impotencia, desánimo y frustración para muchas familias y que hacen mucho daño a las personas con TDAH y su entorno. 

En esta entrada queremos aclarar algunos de estos mitos haciendo referencia a César Soutullo y Regina Cobo en su artículo «Diez Mitos sobre el Trastorno por déficit de atención e hiperactividad que interfieren con la mejoría»:

Mito 1: El TDAH es culpa de los padres y su diagnóstico es poco fiable

Como ya sabemos, el TDAH no tiene que ver con la educación recibida. Esto es algo que se viene desmintiendo por la comunidad científica desde hace bastante tiempo. Ahora comprendemos cómo funciona el cerebro de las personas con TDAH, sabemos que su origen es neurobiológico cuya heredabilidad es bastante alta. El diagnóstico de TDAH cada vez está más perfeccionado y actualmente se realiza teniendo en cuenta todos los ambientes en los que la persona se desarrolla.

Extender este mito provoca que las familias se sientan culpables y, en algunos casos, no busquen la ayuda necesaria para sus hijos debido a este tipo de pensamientos. Cada vez que difundimos este mito estamos haciendo la vida de las familias y sus hijos con TDAH más difícil.

 Mito 2: El TDAH es una enfermedad nueva, y sólo existe en EE.UU., es un invento.

No son pocas veces las que hemos visto este titular “el descubridor del déficit de atención confesó antes de morir que es un trastorno ficticio”, artículo que seguimos viendo en circulación en las redes sociales, siendo compartido por muchos usuarios. Sin embargo, este artículo es una mala interpretación de la entrevista  concedida por el psiquiatra Leon Eisenberg a la revista alemana Der Spiegel en el año 2012, declaraciones que se publicaron años después de que Eisenberg hubiera fallecido y que ya no podía desmentir o rectificar. Un error en la traducción en la que el psiquiatra hace referencia no a la invención, sino a la necesidad de investigar más en diagnóstico y de evaluar los factores ambientales del niño o niña con TDAH. 

El TDAH fue descrito ya en 1865 por el Alemán Hoffman en el cuento Der Struwwelpeter y en 1902 por el Inglés Still y por el Español Rodríguez-Lafora. Inicialmente se llamó Disfunción Cerebral Mínima, luego (1950) Síndrome Hipercinético, más tarde (1960) Síndrome del Niño Hiperactivo o Reacción Hipercinética de la Infancia, y más recientemente (1980) se cambió el nombre a Trastorno por Déficit de Atención (con o sin Hiperactividad) (TDA con H, TDA sin H). Desde 1994 se llama TDAH, con tres subtipos: combinado, inatento e hiperactivo-impulsivo. Aunque el nombre ha ido cambiando según hemos ido sabiendo más sobre el trastorno, la entidad clínica TDAH está descrita desde hace más de 140 años.

Os recordamos que tenemos disponible una infografía sobre la historia del TDAH.

Mito 3: Los síntomas de TDAH son leves, se trata de una enfermedad falsa, fruto del poco aguante de los padres de hoy, del perfeccionismo y la exigencia excesivas.

El TDAH tiene un efecto muy negativo sobre el niño que lo padece. A largo plazo, y si no se trata correctamente, reduce seriamente el rendimiento académico del niño y desemboca en fracaso escolar, generando abandono de los estudios o repetición del curso. Además afecta el desarrollo social y emocional del niño. El TDAH no solo se da en elc entro educativo. No desaparece cuando nuestros hijos salen del colegio. El TDAH forma parte de su comportamiento a lo largo de toda su vida: en casa, con sus amigos… Debido a los múltiples problemas en las relaciones con los compañeros por su impulsividad, los niños con TDAH tienden a tener pocos amigos, poco duraderos, y las relaciones son menos estrechas. Por la falta de autoestima y otros problemas derivados de tener TDAH sin tratar, son frecuentes los síntomas depresivos e incluso la depresión. Los niños con TDAH no tratados desarrollan con frecuencia comportamientos negativistas: desobediencias progresivas, desafío a la autoridad y poco a poco problemas de conducta mayores, e incluso abuso de alcohol y drogas. 

Evidentemente no todos los casos de TDAH son iguales. Hay casos leves, moderados y graves. Además, las comorbilidades y conescuencias de no tratar el trastorno son diferentes en cada persona, y por supuesto, no queremos alarmar a nadie. Pero es importante que comprendamos que el TDAH es mucho más que “poco aguante” o “exigencias excesivas”. En la mayoría de los casos, cuando hemos hablado con familias, su única exigencia es que sus hijos sean felices. 

 

Mito 4: El TDAH sólo afecta a niños y desaparece en el adolescente

Es cierto que algunos síntomas de hiperactividad disminuyen con la edad, transformándose en movimientos más finos (mover el pie, dar golpecitos…). Sin embargo, la inatención y especialmente la impulsividad permanecen en adolescentes y adultos. Se estima que una tercera parte de los niños dejará de tener TDAH antes de la adolescencia, otra tercera parte dejará de tener TDAH antes de la edad adulta, y la última parte seguirá teniendo TDAH de adultos. Pero aunque algunos ya no cumplen criterios completos, siguen teniendo síntomas que les afectan, por lo que cada vez más se considera al TDAH como un problema crónico que requiere manejo a largo plazo.

Es importante saber que aunque no podamos ser diagnosticados como TDAH porque se hayan minimizado algunos síntomas, seguimos teniendo sintomatología TDAH y por lo cual, tendremos algunos problemas que trabajar en nuestro día a día. 

Mito 5: El TDAH sólo afecta a los niños y no a las niñas.

Las niñas con TDAH suelen pasar desapercibidas con más facilidad, ya que desde la sociedad les exigimos ser más “responsables” y más capacidad de autocontrol. Debido a este estereotipo el diagnóstico en niñas es mucho más complicado. Comparadas con los niños tienen menos comorbilidad con trastorno negativista desafiante, trastorno de conducta, del aprendizaje y depresión, pero más trastornos de ansiedad. El problema es que como pasan desapercibidas, a veces no tienen problemas en el rendimiento escolar hasta la secundaria, en edades de 11 a 15 años. Algo bastante negativo, ya que cuanto antes intervengamos más herramientas tienen para mejorar su calidad de vida. 

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