TDAH y familia: la importancia de la cohesión familiar.

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Si la convivencia familiar requiere en muchas ocasiones cierto esfuerzo (que puede costarnos más o menos afrontar), cuando a la familia se suman otros problemas, la estabilidad de la misma puede verse afectada. Cuando nos enfrentamos a un diagnóstico de los hijos en el clima familiar, pueden haber tensiones, miedos o sensaciones que minen nuestra autoestima como padres y dificulten las relaciones familiares. Como ya sabemos, el clima familiar es fundamental para los hijos. Es el lugar en el que se desarrollan, en el que crecen y del que suelen aprender desde que nacen. A través de las experiencias familiares desarrollamos el lenguaje, la moral… la propia personalidad del niño se forma a través de las experiencias que vive en su entorno y el familiar suele ser el más habitual, sobre todo en etapas tempranas.

En este post, vamos a reflexionar sobre la importancia de la cohesión familiar frente al diagnóstico del TDAH y su posterior intervención, aunque esta necesidad de cohesión es necesaria ante cualquier problemática a la que la familia se enfrente.

Todos sabemos que, tras el TDAH suelen surgir una serie de polémicas nada agradables para los profesionales que trabajamos con las familias y para las familias en sí. Titulares de periódicos o declaraciones de opiniones de personas, que más allá de haber leído algún paper se dejan llevar por aquello que se viraliza en redes sociales y que tanto daño nos hace. Si la vida con el TDAH no es sencilla (aunque, obviamente, tiene puntos positivos), vivir sabiendo que cada vez que menciones el trastorno alguien va a lanzar una opinión más que poco argumentada, genera cierta inseguridad respecto a lo que hacemos. Y la inseguridad en el entorno familiar es uno de nuestros mayores enemigos, porque ¿cómo vamos a actuar si estamos inseguros? ¿cómo voy a saber si estoy haciendo lo correcto o no?

Es aquí cuando las personas que trabajan o viven de cerca el TDAH acaban construyéndose una armadura frente a estas declaraciones. Intentan escuchar lo mínimo o no dejar que les afecte, ya que son conscientes de que, si les afecta a ellos, también afectará a uno de los contextos más importantes para su hijo/a: el clima familiar.

Pero ¿qué pasa cuando uno de los dos no está de acuerdo con el diagnóstico? ¿qué pasa cuando esas opiniones mal argumentadas las tiene uno de los padres? ¿qué podemos hacer respecto a eso?

 

Pensar en el bienestar del menor

Lo primero, es lo primero. Si hemos dado el paso de ir a un profesional para que nos diga qué puede estar pasando, es que hemos visto que hay problemas. Nos hemos dado cuenta de que no sigue el ritmo de las clases, es incapaz de sentarse más de dos minutos, tiene muchísima impulsividad, le cuesta hacer amigos/as… Está claro, hemos visto que algo pasa.

Si se da el caso en el que no estamos de acuerdo con el diagnóstico, podemos acudir a varios profesionales, pero, además, es importante informarse. En este aspecto, acudir a asociaciones, charlas y, por supuesto, leer webs como http://www.tdahytu.es/ o la propia web de la Fundación CADAH  podrán hacer que aprendamos más sobre el TDAH y, sobre todo, que eliminemos los mitos y creencias que solíamos tener.

Por otra parte, es importante que nos centremos en que nos enfrentamos a un reto, y nuestra actitud ante él será lo que realmente ayude a nuestro hijo/a. Así, establecer ciertos puntos de consenso nos ayudará a comenzar a trabajar en el tema, y, si es necesario, podemos acudir a servicios de mediación. Lo mismo pasa cuando los padres están divorciados: es necesario llegar a un consenso, entender que la cohesión es lo que verdaderamente ayudará a que las medidas que pongáis para ayudar a los hijos/as sean realmente efectivas.

 

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No discutir en su presencia

Aunque lo ideal es no discutir, sabemos que, incluso estando en consenso total sobre el TDAH, llegarán momentos en la vida cotidiana que hagan que las tensiones afloren. Por ello, es importante que intentemos buscar momentos a solas donde podamos discutir sobre aquello que nos preocupa, sin que el peque sienta que discutimos por su culpa. Este es un punto importantísimo para su autoestima.

Por otra parte, es importante entender que estas discusiones nos harán, por un lado, conocernos más y por otro, entender más el trastorno. Hemos de aprender a verlas como lo que son e intentar que el clima familiar no acabe intoxicándose. En este sentido, al igual que buscamos momentos para discutir, hemos de buscarlos para trabajar la relación de la pareja, realizar actividades juntos que fortifiquen lazos.

 

El día a día del consenso familiar: pequeños acuerdos, grandes pasos

Para favorecer la coherencia de vuestros actos como familia, podéis implementar diferentes actividades que os ayuden a comprender el TDAH y que os permitan prevenir ciertos problemas. Por ejemplo, podemos planificar en conjunto actividades en familia, pero también sentarnos a organizar nuestra semana, consensuar las rutinas de los hijos/as y quién se encarga de supervisar, acordar aquellos momentos en los que les dejaremos ser más autónomos o qué estrategias usaremos para relajarnos antes de alguna actividad que lo necesite… Cuanto más consensuemos sobre la dinámica familiar, mejor fluirán las relaciones y podremos prevenir ciertas problemáticas. Tal vez suene difícil, pero se trata de pensar en la semana que nos espera y cómo podemos ir mejorando en casa.

Podemos colgar en casa organizadores que nos ayuden, tanto a consensuar como a trabajar las rutinas y recordatorios del peque.

 

Para finalizar, nos parece importante entender que en esta aventura no estamos solos. Que vamos de la mano de especialistas y profesionales, del centro escolar, de sus amigos… Y que si conseguimos que todos tomemos una actitud positiva ante el TDAH y un consenso en la intervención que se vaya a realizar, seguramente, mejoremos muchísimo la situación.

 

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