Tolerancia a la frustración en niños con TDAH

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Hoy, hablamos sobre la tolerancia a la frustración en niños con TDAH.

Podemos entender la frustración como aquella sensación que tenemos cuando no podemos conseguir o hacer algo que deseábamos. En esos momentos, podemos sentirnos decepcionados, enfadados, tristes o perder ilusión por lo que estábamos haciendo. Esta sensación, es normal y forma parte de nuestro día a día, sin embargo, hemos de aprender, por un lado, a expresarla de manera regulada y, por supuesto, a tolerarla para poder gestionar esos momentos de manera eficiente.

Es importante que comprendamos que la frustración va a ayudarnos a enfrentarnos a diferentes situaciones a lo largo de nuestra vida. No debemos pretender eliminarla. Sentirnos frustrados es vital para relacionarnos con nuestro entorno y comprender cómo actuar en los diferentes momentos que vamos a vivir. A lo largo de nuestra vida nos encontraremos con limitaciones que harán que no consigamos lo que esperábamos. Sentir decepción, tristeza o enfado, frustrarnos, es algo normal y no debemos evitarlo, si no aprender a gestionar y expresar esos sentimientos.

En caso de los niños y niñas con TDAH, la impulsividad y falta de autocontrol pueden suponer la existencia de una mayor dificultad ante las emociones que nos produce la frustración. Podemos sentir explosiones de ira o responder a esa frustración de manera negativa para nosotros mismos y el entorno. Por ello, es vital ayudarles a tolerar la frustración y gestionar los sentimientos que ésta genera.

La tolerancia a la frustración

Para aprender a tolerar la frustración debemos tener en cuenta nuestra personalidad y carácter, nuestra educación emocional y nuestro entorno. No a todas las personas nos provocan frustración las mismas situaciones, ni tenemos las mismas habilidades de gestión emocional o vivimos en un ambiente que nos va a permitir tolerar y exteriorizar bien los sentimientos, por ello, hemos de tener en cuenta estos tres puntos.

Nuestro carácter y personalidad:

Es importante pensar en qué situaciones nos producen más frustración. Para ello, tenemos varias ideas:

  • Realizar en familia un registro diario. Al final del día podemos escribir aquellos momentos en los que hayamos sentido frustración.
  • Hacer un repaso de nuestro día a día. Imaginamos un día cualquiera y pensamos en aquellas situaciones cotidianas que nos producen frustración.

Antes de aplicar cualquiera de estas ideas, es importante que, primero, les expliquemos qué es la frustración y qué solemos sentir cuando nos frustrarnos. En este sentido, materiales como El emocionario, nos parecen ideales para trabajar.

También debemos hacerles preguntas para que sepan identificar esos momentos: ¿hay algo que querías hacer hoy que no hayas podido hacer? ¿qué has sentido?

 

Educación emocional: reconocer emociones y gestionarlas.

Un paso importante una vez hemos identificado qué cosas nos provocan más frustración, es terminar e identificar bien qué sentimos cuando no conseguimos algo que queríamos.

Para ello, podemos trabajar con materiales que nos ayuden a reconocer las emociones. Es importante que sepamos asociar gestos a cada emoción, pero también que entendamos qué supone sentirnos tristes o enfadados o qué es la decepción. Para ello es vital realizar ejercicios y poner ejemplos que nos ayuden a visualizar esos momentos. Igualmente, también podemos plantear preguntar que nos ayuden a guiar la actividad:

  • ¿Qué cara ponemos cuando nos enfadamos?
  • ¿Qué sentimos?
  • ¿Qué hacemos cuando nos enfadamos?
  • ¿Cuándo nos enfadamos?

Con estas preguntas, iremos identificando las diferentes emociones y podremos presentarlas como un conjunto de sentimientos que solemos tener cuando nos frustramos. Hemos de tener presente que la frustración aparece cuando no conseguimos algo que queríamos conseguir, o nuestros deseos no se ven satisfechos.

Reconocer nuestras emociones es el primer paso para aprender a gestionarlas. Podemos realizar ejemplos para terminar de comprender qué emoción solemos sentir en cada momento y establecer un plan de acción cuando sintamos esa emoción.

¿Qué hacemos ahora mismo cuando nos enfadamos? ¿qué podemos hacer en lugar de eso?

Para terminar de trabajar este tema, podemos seguir poniendo ejemplos cotidianos y hacer role playing que nos permitan entrenas esta manera de gestionar nuestras emociones.

Nuestro entorno: un clima familiar tolerante y con buena comunicación.

La tolerancia en el clima familiar es vital para que aprendamos a expresar lo que sentimos y, por lo tanto, dar espacio a nuestras emociones de manera respetuosa. Favorecer la comunicación en el ambiente familiar va a permitirnos poder trabajar mejor la tolerancia a la frustración y ofrecerles un clima seguro en el que contarnos lo que sienten.

Es importante que establezcamos momentos en familia en los que podamos compartir nuestro día a día. Que nos permitan entender al otro sin juzgarles y saber que no seremos juzgados. Un espacio limpio donde todos podamos hablar de nuestras emociones y podamos ponerles ejemplos de qué hacer en momentos de frustración.

Nosotros somos sus adultos de referencia. Su ejemplo. Es vital que sepamos adoptar este papel y ayudarles a crear planes y estrategias para que sepan canalizar las sensaciones de frustración y evitemos conflictos, tanto en ellos mismos como con su entorno.

 

Os proponemos tratar de idear estrategias con ellos y, en cualquier caso, acudir a un profesional para que pueda darnos más pautas que nos ayuden a tolerar la frustración.

 

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